Mis primeros encuentros con una guitarra se remontan a mi època de
estudiante de secundaría, cuando las monjas nos llevaban de retiros
espirituales a un monasterio que quedaba a las afueras de Bogotá, calle 200,
rodeado por entonces de naturaleza y no de cemento, como ahora. Una experiencia
ùnica por lo extrema: de un lado el recogimiento meditativo y del otro la
recocha.
Y es que si durante el día todo era meditación, en las noches, una vez
las monjas hacían su ronda nocturna para asegurarse de que todas estábamos en
nuestras habitaciones durmiendo, zas, por los oscuros corredores nos deslizábamos
como fantasmas hasta alcanzar la habitación de la cita nocturna, adonde lo más
malo que hacíamos era escuchar a Santana en una grabadora que alguna chica
pervertida metió al convento de contrabando. Así nos sollábamos escuchando Mujer de Magia Negra y Europa: todavía mi favorita!
Quizás haya sido algo de esta misma magía la que me poseyó la noche en
que mi hombre, luego de dos meses de una pura y mera amistad, me invitó por fin
a comer a su apartamento de soltero y, una vez allí, a la luz de las velas,
luego de una deliciosa cena y dos vasos de vino tinto ♪red♫ red♪ wine♪ me tocò la guitarra y me dejo embrujada. .. Vamos a
decir que si ya me traía de cabeza, por el hecho de no haberme tocado ni un
pelo en dos meses de amistad, pues con su toque toque si que me acabo de
friquiar.
Enchanted, fue la palabra que usé cuando al día siguiente le conté a mi amiga
inglesa Nicole –quien precisamente nos había presentado -introduced- sobre la experiencia sublime de la noche anterior. Y no
tengo palabras para describir su cara cuando añadí que Marcel había tocado su
guitarra clásica para mí, Oh dear!
repitió tres veces, con ese acento súper acentuado de las inglesas poch! Y es que Marcel nunca jamás -me lo
habían ya repetido y advertido hasta el cansancio- ha tocado la guitarra en
frente de nadie.
Qué le has hecho a ese hombre? me preguntó Nico, Yo, nada! a mí que me
esculquen, le respondí, Qué me ha hecho él a mí? es mejor pregúntarme, pues me
tiene embrujada, además de... en ascuas, ups! Nunca en toda mi vida había
tenido el privilegio de sentirme poseída y amada, sin que de por medio hubiese
sexo. Y que conste que ni por un segundo pensé en el cliché de que fuese
marica; aunque, lo confieso, si llegué a considerar muchas veces la posibilidad
de que mis encantos de mujer se hubiesen eclipsado con el divorcio.
A partir de aquella noche las cenas se fueron haciendo más frecuentes y
un mes más tarde decidimos vivir juntos. Hace cinco nos casamos en una ceremonia
íntima y durante todos estos casi 13 años juntos, mis días y mis noches han
estado llenas tanto de él como de su música: tenemos una de las colecciones de
música clásica, pop y jazz más sui-generis por lo, digamos, poco comercial. Y
como sé muy bien que cada vez que durante esta serie nombre a éste o aquel
guitarrista vendrán a mi mente episodios y/o anécdotas de mi vida, les dejaré a
ustedes la tarea de buscar en You Tube y demàs los tracks de los guitarristas
de los que les hable.
La próxima entrega, y ya para empezar en serio con mi alfabeto, les
hablaré de John Abercrombie, Jan Akkerman y Odair Assad.
Hasta la próxima!
Pues Muchachona en eso del gusto por la guitarra nos encontramos de fondo y espero gozarme tus escritos y tus guitarristas de la A a la Z. Que viva la guitarra.
ResponderBorrarBaco