sábado, 22 de marzo de 2014

Encuentros Íntimos con su Guitarra de la A a la Z


 
INTRODUCCIÓN
 

Mis primeros encuentros con una guitarra se remontan a mi època de estudiante de secundaría, cuando las monjas nos llevaban de retiros espirituales a un monasterio que quedaba a las afueras de Bogotá, calle 200, rodeado por entonces de naturaleza y no de cemento, como ahora. Una experiencia ùnica por lo extrema: de un lado el recogimiento meditativo y del otro la recocha.

Y es que si durante el día todo era meditación, en las noches, una vez las monjas hacían su ronda nocturna para asegurarse de que todas estábamos en nuestras habitaciones durmiendo, zas, por los oscuros corredores nos deslizábamos como fantasmas hasta alcanzar la habitación de la cita nocturna, adonde lo más malo que hacíamos era escuchar a Santana en una grabadora que alguna chica pervertida metió al convento de contrabando. Así nos sollábamos escuchando Mujer de Magia Negra y Europa: todavía mi favorita!

Quizás haya sido algo de esta misma magía la que me poseyó la noche en que mi hombre, luego de dos meses de una pura y mera amistad, me invitó por fin a comer a su apartamento de soltero y, una vez allí, a la luz de las velas, luego de una deliciosa cena y dos vasos de vino tinto ♪red♫ red♪ wine♪ me tocò la guitarra y me dejo embrujada. .. Vamos a decir que si ya me traía de cabeza, por el hecho de no haberme tocado ni un pelo en dos meses de amistad, pues con su toque toque si que me acabo de friquiar.

Enchanted, fue la palabra que usé cuando al día siguiente le conté a mi amiga inglesa Nicole –quien precisamente nos había presentado -introduced- sobre la experiencia sublime de la noche anterior. Y no tengo palabras para describir su cara cuando añadí que Marcel había tocado su guitarra clásica para mí, Oh dear! repitió tres veces, con ese acento súper acentuado de las inglesas poch! Y es que Marcel nunca jamás -me lo habían ya repetido y advertido hasta el cansancio- ha tocado la guitarra en frente de nadie.

Qué le has hecho a ese hombre? me preguntó Nico, Yo, nada! a mí que me esculquen, le respondí, Qué me ha hecho él a mí? es mejor pregúntarme, pues me tiene embrujada, además de... en ascuas, ups! Nunca en toda mi vida había tenido el privilegio de sentirme poseída y amada, sin que de por medio hubiese sexo. Y que conste que ni por un segundo pensé en el cliché de que fuese marica; aunque, lo confieso, si llegué a considerar muchas veces la posibilidad de que mis encantos de mujer se hubiesen eclipsado con el divorcio.

A partir de aquella noche las cenas se fueron haciendo más frecuentes y un mes más tarde decidimos vivir juntos. Hace cinco nos casamos en una ceremonia íntima y durante todos estos casi 13 años juntos, mis días y mis noches han estado llenas tanto de él como de su música: tenemos una de las colecciones de música clásica, pop y jazz más sui-generis por lo, digamos, poco comercial. Y como sé muy bien que cada vez que durante esta serie nombre a éste o aquel guitarrista vendrán a mi mente episodios y/o anécdotas de mi vida, les dejaré a ustedes la tarea de buscar en You Tube y demàs los tracks de los guitarristas de los que les hable.

La próxima entrega, y ya para empezar en serio con mi alfabeto, les hablaré de John Abercrombie, Jan Akkerman y Odair Assad.

Hasta la próxima!  

 

1 comentario:

  1. Pues Muchachona en eso del gusto por la guitarra nos encontramos de fondo y espero gozarme tus escritos y tus guitarristas de la A a la Z. Que viva la guitarra.
    Baco

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